Con una tradición cultural rockera, la música electrónica en Argentina ha estado rodeada (y lo sigue estando) de varios prejuicios infundados: “eso no es música”, “el DJ no es un músico”, “la música de máquinas no tiene alma”, “eso es una música cheta y capitalista”, etc. Quizá esa respuesta tenga que ver con que, al igual que las vanguardias del siglo XX, la música electrónica ha puesto en cuestión muchos presupuestos. En esta oportunidad, Cecilia Alaniz nos presenta una breve historia de los orígenes conceptuales del paradigma musical del siglo XXI.

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¿Vas a bailar?

Sí.

¿A dónde?

A escuchar a un DJ a un club 

¿Música electrónica? Es todo lo mismo, siempre, todo el tiempo igual y hecho de la misma forma Pura máquina.

¿QUÉ? No, no es así; hay humanos detrás de ella, hay conceptos, herramientas, técnicas, estéticas, decisiones tomadas con conciencia y una intención clara. Hablemos de eso.

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Hablemos sobre el trasfondo académico de la música electrónica.

Podría decirse que la función específica de este tipo de música es simplemente que el público baile, sin pensarlo demasiado, como de forma automática. Sí, sí, pero si vamos a las bases, al concepto primario de qué es la música y cuál es su función, hay detalles a aclarar y que tenemos que tener en cuenta, a saber: La música es no solo un arte sino también un lenguaje. Un lenguaje implica la idea de comunicación, un algo que sucede entre un mínimo de dos personas: hay un emisor con una intención clara y un mensaje a transmitir. Por lo tanto, su receptor no brinda una respuesta automática, existe la comunicación al involucrarse con el mensaje y responder a este.

En la música electrónica el emisor es el productor/DJ/creador, él hace uso de una serie de recursos de forma tal que logre llevar a su receptor/público a un entendimiento/comunicación que se pondrá de manifiesto en la pista en sí, en el “baile”, en la búsqueda de la mirada del otro, la manifestación del placer. No estamos solos.

Yéndonos un poco hacia atrás, al principio de este asunto, las vanguardias del siglo pasado han representado quiebres en todos los aspectos del arte, del trabajo del artista y de cómo el público percibe. Uno de los primeros movimientos de vanguardia del siglo XX es el futurismo, el cual dentro de la música tiene una búsqueda estética que tiene que ver con la generación de sonidos del tipo “ruido”, escapándole a las sonoridades típicas, evitando el uso de instrumentos habituales y sus sonoridades características. Se buscaba construir, conmover, comunicar haciendo uso de sonidos que no sean los “tradicionales”. Uno de sus representantes más aclamados es Luigi Russolo (1883-1946) quien creó máquinas generadoras de ruido (sus Intonarumori datan entre 1910 y 1930) y con las cuales construyó diversas obras, cuya forma y comportamiento escapa a todo lo conocido hasta ese momento (¡¡¡Sí, la música electrónica es de principios de siglo XX!!!)

Al mismo tiempo, encontramos aquí, de alguna manera, el germen desde el cual podemos concebir como música algo distinto formalmente a la canción en el sentido habitual. A partir de esto salimos de la idea de introducción/estrofa/estribillo/etc. para chocar con una construcción formal más libre, más relacionada con el comportamiento de los objetos sonoros entre sí, su relación y combinación. De primera mano, estas primeras obras poco tienen que ver con la música de pista puesto que su finalidad no era el baile sino el quiebre con la tradición sonora/tímbrica/instrumental. Se me ocurre pensar usando un ejemplo de nuestro tiempo piezas/obras/canciones más del tipo de Boards of Canada:

Con el correr del tiempo y el avance tecnológico vinieron formas de articulación del discurso musical que generaban un puente entre las formas clásicas y las nuevas, más propias de la vanguardia. Un ejemplo de búsqueda de un discurso que escape a la forma de base melódica-armónica es la obra más reconocida de Edgar Varese (1883-1965): Ionisation (1929-1931):

Ionisation es una obra escrita para ensamble de percusión, para trece percusionistas para ser más exactos. En ella el discurso de tipo melódico es conducido únicamente por instrumentos de altura no determinada… ¿Qué tipo de música construye así su discurso en la actualidad? Varios tipos, claramente y más aún en la música de pista, pero ese planteo viene de la música académica, y en la música de pista esta idea se ha desarrollado con una libertad extraordinaria. Ya no son necesarias las voces humanas cantadas para que la música suceda y conmueva y mueva al cuerpo. Tomemos uno de los clásicos más clásicos del House:

Avanzando y adentrándonos más en lo estético nuevamente, la música industrial viene a ser de alguna manera hija o combinación de los dos ejemplos anteriores: plantea una estética tímbrica que escapa a los sonidos con altura determinada y los articula formalmente de una manera más clásica, con un planteo estético centrado en el uso de las máquinas como disparadores.

El movimiento de la música industrial si bien comienza desde el lado experimental, tiene puntos de contacto muy fuertes con el rock, y en la música electrónica termina por llegar a la pista de baile. Este vínculo llega hasta la actualidad donde tiene manifestaciones en muchos subgéneros actuales de moneda corriente en este entorno.

El término música industrial fue acuñado en la década del 70 por el sello Industrial Records, aquí encontramos a Cabaret Voltaire, exponentes ingleses pioneros en la música experimental, no desde lo académico sino desde un lugar mucho más cercano a la pista, partiendo de un lugar abstracto y avant garde:

Track de su primer disco de 1979:

Otro ejemplo de música electrónica industrial que incorpora estas técnicas es Einstürzende Neubauten, que desde Berlin del Este también incorporaron estas técnicas no sólo en lo estético sino también en la construcción de sus propios instrumentos:

Es a lo largo de toda la década del 80´s donde el desarrollo de la música industrial tiene su apogeo con el surgimiento y combinaciones de géneros como el Post-punk, el Techno Industrial, el Electro Industrial, el EBM, ciertas partes del Synth Pop, etc. Podemos poner como un ejemplo masivo el álbum de Depeche Mode: “Construction Time Again” con el conocidísimo “Everything counts”:

Más cerca de la actualidad y mucho más cerca de la pista podemos dar dos grandes nombres que han abrazado la popularidad en un plano mucho más amplio: Aphex Twin y NIN.

Aphex Twin, o Richard David James, es un productor electrónico inglés cuya carrera comienza a mediados de los años 80. Partió desde el Acid Techno pasando por el Ambient y el Techno, y ha desarrollado una estética tanto experimental como bailable logrando reconocimiento tanto desde la cultura Underground como la cultura Mainstream. Ha trabajado con software desarrollado por Iannis Xennakis (compositor griego de la postguerra) y ha sido galardonado con un Grammy en el año 2014

Su album “Selected Ambient Works 86-92″ aquí

NIN, o Nine Inch Nails, es Trent Reznor con su proyecto electrónico Industrial Rock. Él ha marcado una fuerte influencia en el Rock y en el ámbito electrónico con un trabajo notorio en lo que se refiere a remixes. Los remix o remezclas de temas son el puente entre lo que usualmente se consume por medios de fusión tales como radio o televisión y la música que los DJs rotan en la pista. Un clásico NIN de su album The Downward Spiral de 1994

Ambos son artistas solistas con una trayectoria más que interesante y con el valor agregado de haber podido llegar a un público más masivo, lo que para este planteo nos deja ver que las ideas y bases desde las que artistas académicos propusieron una praxis diferente a la establecida es posible llegar a todos y generar cosas que sean conmovedoras, interesantes y emocionantes para todos los públicos. No es una asociación comparativa, es vincular, vincular entre ámbitos que ya no son opuestos y entre el artista y el público.

Ser desde la pista no es ser desde un lugar chato o carente valor artístico específico. Es posible cumplir con el primer objetivo de la música, es posible conmover.

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