Los medios de comunicación suelen hablar sobre el bajo rendimiento de los estudiantes en la secundaria, sin embargo, pocas veces se preguntan sobre la cantidad de problemas que atravieza la psiquis de los jóvenes hoy en día. El mundo ha cambiado y se ha vuelto más complejo, pero los abordajes para poder contener a los estudiantes no parecen haber mejorado lo suficiente como para poder acompañar su crecimiento a lo largo de la escuela primaria y secundaria. En esta oportunidad, Ariadna Corcoles hace un repaso sobre la evolución de estas problemáticas a lo largo de la adolescencia.

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Trastornos de ansiedad, ataques de pánico, depresión, TOC´s y adicciones. Estos son, entre otros, los trastornos mentales que atormentan a uno de cada tres argentinos y que, a pesar de que la gran mayoría son tratables, es imprescindible conocerlos y detectarlos para tratarlos a tiempo. Tener un conocimiento certero sobre estos padecimientos es urgente, sobre todo cuando el número de adolescentes que sufren estos trastornos crece año a año.

Son muchos los factores que conducen a que se de este incremento de dolencias psíquicas, y los cambios por los que se atraviesa durante la adolescencia son más que suficientes para abrirles la puerta. De igual manera los psicólogos advierten que el rol de los padres es fundamental a la hora de reconocer síntomas, pero que muchos los pasan por alto, ya que los normalizan o minimizan permitiendo su desarrollo.

La adolescencia es ese momento bisagra en el que aún estamos en formación y, para tratar de encajar, dejamos de lado lo que somos, creemos y pensamos. Todo esto ocurre en la transición primaria-secundaria (y más adelante con el paso a la vida adulta). No solo tenemos la presión social de pertenecer a un grupo y formarnos como individuos que se están desarrollando físicamente, sino que la manera en la que nos enseñaban cambia de forma rotunda. Y de este modo, con cambios que no podemos frenar, empiezan a aparecer conductas que a la larga nos perjudican. Cada vez estamos más estresados, y dormir las ocho horas recomendadas no alcanza (si es que alguien tiene la suerte de poder dormir tanto). Esta situación deriva en un uso problemáticos de sustancias (drogas y alcohol) y del de computadoras/videojuegos, que potencia el desarrollo de patologías.

Trastornos cada vez más comunes en adolescentes

El 50% de las enfermedades mentales suelen empezar a desarrollarse antes de los 14 años, y la gran mayoría no se detectan ni se tratan. La ansiedad y la depresión son las más comunes, seguidas por la bipolaridad, TOC y la esquizofrenia, entre otras. Y a pesar del incentivo de la Organización Mundial de la Salud por promover la prevención, el número de adolescentes que sufren estas patologías no disminuye.

“Llegan al consultorio niños, niñas, adolescentes o jóvenes que son traídos por sus padres por falta de atención, porque cambiaron sus conductas, porque están intolerantes, furiosos, desatentos o porque los ven aislados. Y cuando uno empieza a trabajar aparece lo depresivo e incluso la depresión como entidad. Hay muchos chicos sin el diagnóstico adecuado”, comenta José García Riera, médico psiquiatra especializado en psiquiatría infanto-juvenil.

Muchos de estos síntomas son obviados, ya que el campo psíquico infanto-juvenil es mucho más complejo que el adulto por los cambios naturales propios del desarrollo humano. Esto no quita que haya ciertas actitudes que van más allá del crecimiento evolutivo del niño/a. Pero son los mismos padres, y hasta las mismas instituciones educativas, quienes creen que estas formas son solo una fase del crecimiento. Esto sucede debido a que, durante el crecimiento, se van presentando síntomas que no necesariamente son patológicos, sino que corresponden a un proceso adaptativo. Las causas que determinan el desarrollo y crecimiento de estos trastornos también responden a factores biológicos, sociales, económicos, políticos y culturales. No es el mismo desarrollo el que tiene un chico con una economía y entorno familiar estable, que vive en un pueblo tranquilo en el que sabe que si sale no le va a pasar nada, al desarrollo de una chica de una gran ciudad con una inestabilidad económica, social y familiar, en donde el salir le genera miedo.  ¿Pero qué pasa cuando estos problemas se presentan con una mayor intensidad y aun así los pasan por alto? Los indicios se hacen cada vez más frecuentes y agudos, y empiezan a sobrepasar a los padres, por lo que no tienen otra opción más que buscar ayuda médica. Pero como bien dijo el doctor García Riera, estas patologías ya están muy desarrolladas.

El hecho de que la gran mayoría de los adolescentes busquen atención médica, y que cada vez sea más frecuente, trajo como resultado que, en los últimos años, la venta de antidepresivos haya aumentado de una manera exponencial. Se calcula que entre los años 2004 y 2016, el aumento fue de 111,3%; y entre 2016 y 2018 se vendieron alrededor de 20 millones de cajas de clonazepam a nivel nacional. “El adolescente necesita vivir en una sociedad segura que le permita jugar con la vida e ir probando para encontrarse a sí mismo. Necesita una sociedad que lo sostenga en la diferenciación donde pueda elegir quién ser y no ser atacado por eso. La sociedad debe garantizar que no sea usado, abusado o utilizado con fines comerciales ya que es una etapa muy especial. Los chicos se alejan de la familia y tienen que encontrar en el afuera una sociedad que los reciba y proteja”, dice Mónica Oliver, psiquiatra y directora del departamento de Psiquiatría Infanto-juvenil de la UBA.

Teniendo en cuenta los factores que conllevan al desarrollo de dichos trastornos, el aumento de estos y cómo se vio reflejado en el incremento de la venta de fármacos, veremos cuál es el rol de la familia y la escuela, esas instituciones fundamentales en la tarea de contención a la hora del desarrollo psíquico emocional saludable de los jóvenes. ¿De qué manera estos dos grupos afectan y fomentan el desarrollo de las dolencias psíquicas? ¿Qué sucedió durante la evolución de la institución familiar para que esta empezase a ser un problema? ¿Está la escuela preparada para tomar el rol de cuidado frente a sus alumnos y para desarrollar las prácticas educativas?

Padres: sobreprotección y desatención

Existe una barrera impuesta por los padres. Son pocos los que se animan a enfrentar, tratar y compartir el problema que sus hijes tienen. Esto surge por dos comportamientos totalmente opuestos que pueden tener los padres: aquellos que sobreprotegen de más a sus hijos, y les están encima como si fueran helicópteros, y aquellos que por el contrario, al estar tan ocupados en sus propias actividades y problemas, dejan de lado a sus hijos. En ambos casos ninguno nota realmente los síntomas que podrían llegar a presentar sus hijos a causa de sus comportamientos con ellos.

El concepto de “padres helicóptero” nace tras un estudio hecho en Estados Unidos sobre comportamiento de padres sobreprotectores y cómo este influye en el desarrollo de sus hijos. Se realizó durante ocho años, y durante las  pruebas las reacciones de los chicos variaban entre frustrada, desafiante o apática. La conclusión a la que se llegó fue que, los niños/as que tienen padres helicópteros pueden ser menos capaces de lidiar con los retos y desafíos al crecer, especialmente en el entorno escolar. Tienen más probabilidad de comportarse de manera inadecuada en el aula, tener más dificultades para hacer amigos y luchar en la escuela. Esto lleva a que también posean una dependencia con sus padres, por lo que en el momento de empezar a independizarse les genera miedos, dado a que no saben lidiar con el fracaso.

Por otro lado están los padres que se encuentran tan inmersos en sus actividades, trabajos y problemas, que el contacto con sus hijos es minimo, por lo que no tienen en cuenta los pequeños síntomas que se presentan, y solo los notan cuando estos están muy desarrollados. La necesidad de los hijos por la atención de sus padres, muchas veces los lleva a contraer acciones que los perjudican, y ayudan a que los trastornos se desarrollen aun más. Los más comunes suelen ser los trastornos alimenticios yautoflagelación, que están sujetos a su vez de las dolencia mentales más frecuentes (depresión y ansiedad).

Dadas las neutralizaciones o minimizaciones de estas actitudes, los institutos educativos deberían darse cuenta de estos síntomas, reportarlos a los padres y hacer algo al respecto. ¿Pero qué pasa cuando el rol educativo es uno de los factores de dichos trastornos, y las condiciones de enseñanza no hacen más que empeorarlas?

El rol de las escuelas

La ciencia y la tecnología avanzó, lo que estudiamos se renueva, pero el “cómo” sigue igual. En los primeros años del secundario profesores nos dan tips para estudiar, los probamos, algunos sirven otros no. Transcurren meses para que encontremos de qué forma nos es más fácil estudiar. Lo más cómodo, estudiar de memoria, agobia pero sabemos que con esto aprobamos.

El primer trimestre casi siempre es fácil, no estudiamos hasta el cansancio, si lo desaprobamos tenemos otras chances de levantarlo, pero aun así las semanas de exámenes estresan, una prueba atrás de la otra, el método “estudiar de memoria” no alcanza, marea y confunde, quejarse no sirve. El segundo trimestre cambia, vacaciones de invierno en el medio, algunos le dicen trimestre bisagra porque depende de este el esfuerzo que uno tenga que hacer en el último. Nos juntan todas las pruebas de nuevo, el estrés crece. Tercer trimestre, algunos profesores se acuerdan que tienen que meter más de cuatro unidades en dos meses, ahora no podemos desaprobar, tenemos que levantar los anteriores, trabajos prácticos para suplantar pruebas, orales para notas extra, y las pruebas, una atrás de otra. La irritabilidad la tenemos todos, el cansancio también. Dormimos menos, se nota en algunas calificaciones.

La frustración que genera el ámbito escolar hace que el rendimiento, ya no solo propio sino colectivo, se note a nivel nacional. El rendimiento educativo argentino bajo drásticamente en los últimos años. En el 2012 obtuvimos el puesto 57 de los 64 países participantes en el estudio de las PISA. Esto no mejoró, sino que al contrario, no hubo ungran mejora en los últimos años, y el número de deserción también sigue creciendo. Esto no se da de manera uniforme a lo largo y ancho del país, sino que, al ser un país federal, las provincias tienen una amplia autonomía en materia educativa. Existen disparidades regionales en cuanto a la facilidad de acceso a la educación, la calidad, los presupuestos, la infraestructura o los sueldos de los docentes, por citar sólo algunos ejemplos.

Esto genera que la deserción escolar sea cada vez más común, esto no solo causa que los adolescentes se crean poco útiles, sino que dado a que no poseen un título de secundario completo, los trabajos que pueden conseguir dadas a la situación económica del país, lleva a que los ingresos que tengan sean bajos. Y como si esto fuera una gran telaraña, toda reacción repercute en la salud mental, ya que, según un estudio realizado por la UCA, aquellas personas que se encuentran bajo la línea de pobreza presentan el doble de síntomas de depresión y ansiedad que el resto de la población, y una menor sensación de felicidad y falta de proyectos. Y teniendo en cuenta en cómo es la tendencia (impredecible) de la economía de nuestro país, no es raro que cada vez se diagnostique ansiedad y depresión en la gente joven.

“La falta de contención familiar, la claudicación del sistema escolar, los cambios de paradigma que no se van reemplazando o que aún no nos permiten ver hacia adónde vamos, porque es como el daño ecológico, lo notamos cuando ya ha pasado.” José García Riera, médico psiquiatra especializado en psiquiatría infanto-juvenil.

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