El COVID-19 ha producido una aceleración en procesos que parecía que aún podían tomar años para realizarse. Entre esos procesos se encuentra el paso total a la virtualidad del sistema educativo, incluyendo el universitario. Con aciertos y desaciertos, estudiantes y docentes han tenido que reformular la forma de aprender y de enseñar. ¿Qué diagnóstico podría hacerse? A continuación les presentamos el testimonio de lo que le implicó la cursada online a varios alumnos de diversas carreras. 

Agustina Pederiva – Segundo año de Estudios Internacionales (Universidad Torcuato Di Tella)

La virtualidad giró completamente mi vida y me embarcó en una aventura de sentimientos encontrados. Hoy se siente la norma, y la tolero; pero no hay oportunidad en que piense en mi facultad y no me encuentre nostálgica recordando lo maravilloso que fue mi primer año presencial. 

En nuestro caso, la virtualidad no se hizo esperar. Incluso, durante las dos primeras semanas de clase – que sí pudieron ser presenciales – tuvimos algunas clases en las aulas del campus transmitidas por zoom, ya que una de mis profesoras había vuelto  recientemente de Italia y estaba haciendo la cuarentena de 14 días. Y una semana después de ser declarado es aislamiento obligatorio nacional, arrancaron las clases virtuales que se extenderían durante todo el año. Mi plan de estudio no se vio afectado y nunca hubo la necesidad de modificar nuestro calendario académico; arrancamos en tiempo y forma, y terminamos de la misma manera. Soy plenamente consciente del privilegio de mi caso: mis estudios continuaron y avancé un año más en mi carrera, mientras que mis pares de otras facultades se encontraron con una incertidumbre sofocante. Al principio, no soportaba las clases virtuales, me quedaba dormida en la mitad de ellas y me desconcentraba con mucha facilidad. De a poco, fui tolerando cada vez más la virtualidad e incluso encontrando ventajas en ella. La más destacable de sus ventajas es lo manejable que se convierte el tiempo. Entre el ahorro en tiempo al no tener que viajar al campus y la disponibilidad de clases grabadas, me terminé sintiendo tan cómoda que hasta me atreví a trabajar, lo cual siempre vi como un imposible debido a la carga horario y académica de Di Tella. 

Sin embargo, también son múltiples las desventajas. Con la virtualidad, la participación en clase se ve desincentivada; a medida que pasaba el año y nuestro cansancio aumentaba, cada vez eran menos las manos que se levantan en Zoom. Por otro lado, conocer a tus compañerxs se ve reducido a identificar sus voces y sería un milagro cruzarme a lxs profesorxs que tuve el año pasado y que sepan quién soy. También, rendir parciales y finales pasó de ser una experiencia de estrés compartido a ser un torbellino de ansiedad solitaria; hay años luz entre saber que hay alguien afuera del aula esperándote a que termines de rendir y enfrentar el momento en tu casa, en piyama y teniendo miedo de que se te caiga el internet en el medio del examen. Además, como la modalidad virtual también fue nueva para lxs docentes, las primeras tandas de exámenes se sintieron como un experimento de modos de evaluación, frustrándonos tanto ellxs como lxs alumnxs porque los exámenes parecían demasiado largos y el tiempo demasiado corto. 

Luciana Bermúdez – primer año de Actuario (Universidad de Buenos Aires)

Más allá de que encuentro más desventajas que ventajas al pensar en la cursada online, es innegable que tiene algunas comodidades y que no deja de ser algo que depende completamente de cada estudiante, su compromiso, disciplina y su forma de trabajar; teniendo en cuenta que no todos los estudiantes encuentran en sus casas ambientes tranquilos, no todos disponen de los medios tecnológicos para una cursada óptima, etc.

Personalmente lo que más me complicó la cursada fue encontrarme haciendo todas las cosas desde un mismo lugar, la falta de movimiento y motivación hacían que ir a las clases no fuesen una prioridad; después de estar horas frente a una pantalla, el cansancio mental era muy grande. Por otro lado, saber que en ocasiones, parte del contenido quedaba grabado (lo cual ayuda mucho para sacar dudas y repasar antes de un parcial), en mi caso, sólo ayudaba a que me ausentase a cursar.

Dentro de los aspectos positivos que encuentro, destaco que el hacer cosas desde casa implica una nueva rutina, otros horarios de levantada y menor preparación previa a la clase, hay un claro ahorro de tiempo y ahorro económico al disminuir los gastos diarios (transporte, apuntes de fotocopiadora que en su mayoría se convirtieron en PDFs, comidas, etc.) Además, no niego haber disfrutado la comodidad de desayunar/merendar durante las clases. 

Rendir los exámenes online me resultó bastante cómodo, pero, es otra de las cosas que depende mucho del estudiante, del profesor y  de la metodología que se elija para evaluar. Muchos profesores trabajaban con parciales domiciliarios que fueron, al menos por mi experiencia, perfectos para afrontar el contexto. Pero, en contraposición fueron muchos los malos entendidos que se producían con aquellos que tomaban asistencia por zoom, con cámaras y micrófonos que se prendían y apagaban, u otros que quizá no tenían buen manejo de las plataformas con las que decidían evaluar. He tenido clases por WhatsApp en las que resultaba muy difícil interpretar lo que el profesor decía por medio de mensajes o parciales en los que se caía la página y se perdía lo respondido hasta el momento. Además, cabe aclarar que no es lo más recomendable que rendir un parcial dependa pura y exclusivamente de tu internet. 

Ariadna Córcoles – primer año de Medicina (Universidad de Buenos Aires)

La virtualidad nos trae la facultad a la comodidad de nuestras casas, por lo que la odisea que era el trayecto a la facultad, para los que no vivimos cerca, desapareció; clases desde la cama o en una silla cómoda, sin rogarle al universo que esta vez podamos encontrar un lugar en aulas repletas de gente igual a vos, cansados de estudiar, el calor del verano, el frio del invierno, todo desapareció. 

Si tenés la suerte de tener una computadora o simplemente un celular con internet, no hace ni falta volver a gastar plata en libros pesado y caros, el paquete gratis de Office que la UBA le otorgó a los alumnos para mejorar el estudio; aulas virtuales en las cuales los docentes y ayudantes se comunican con el alumnado y les otorgan la mayor cantidad de herramientas que pueden.

Pero, si no tenés las herramientas y condiciones para poder estudiar, por más buenas que las ventajas sean, fallan. Las clases hasta nuevo aviso son exclusivamente virtuales, por lo que mínimamente aquella persona que quiera estudiar va a necesitar tener en algún momento acceso a internet para poder así, recibir la información que los profesores brindan; el ámbito doméstico también influye, une no puede estudiar si no tiene un alrededor que se lo permita.

Una de las cosas que, a mi criterio sirve y mucho, son las relaciones interpersonales y si empezás materias en las que no conoces a nadie, y las únicas interacciones se dan por un grupo de WhatsApp, esto resulta muy difícil. A veces uno tiene que buscar ayuda para poder entender la materia y los contenidos de esta, en otros lugares, siendo que no todas las materias ofrecen la misma calidad de clases, con algunas uno solo se tiene que conformar con papers, archivos y videos de algunos temas que complementan las bibliografías oficiales, pero no tenés en ningún momento a alguien que te explique y responda en ese momento tus dudas.

A pesar de esa sensación de comodidad que nos transmite el estar en casa no significa esto los mismo que te sea eficiente para lo que significa el tener que estudiar, genera estrés e irritabilidad compartir todos los días los ambientes que usamos para dormir, comer o relajarse con los que ahora usamos para estudiar. En nuestras casas (sumado con la cuarentena), perdimos el ritmo de la rutina que el ir a la facultad daba, capaz antes lo que hacíamos en 1 hora, ahora con la excusa de que tenemos un montón de tiempo lo colgamos, y sin darnos cuenta dejamos para último momento mil cosas para una semana, cuesta reorganizarte después de años de hacer las cosas de una manera.

Los exámenes pueden dejar mucho que desear, no solo no tenés ni idea de cómo pueden evaluar porque no conoces a los profesores y/o ayudantes, sino que las plataformas a veces se pueden caer en el medio del examen y no lo podés justificar.

Como ingresante de la carrera de medicina detesté (y detesto) la virtualidad, sé que es lo mejor hay en el contexto en el que estamos viviendo, por ende, a pesar del malestar que me genera, trato de encontrarle el lado positivo y que por lo menos tengo el privilegio de aun poder estudiar, de una manera que nunca me hubiese imaginado, pero estudiar al fin. Tenía muchas expectativas para el 2020, tenia mi guardapolvo blanco que nunca estrené, guantes de látex todavía en las cajas, quería sentir la adrenalina que las clases de anatomía podía ofrecer, aprender a usar un microscopio; pero tuvimos que adaptarnos, ver fotos de todo lo que tendría que haber visto en primera persona y que por la aparición del virus COVID-19 tuvimos que apreciar desde una pantalla.

Pero soy consciente de que estoy en una posición a la cual muchos no pudieron acceder, compañeros que en mayo/junio decidieron dejar las clases porque la falta de recursos, contexto familiar, etc. les impedía estudiar.

La virtualidad también me dejó en claro que lo que estudio (por ahora) es lo correcto, que tome un buen camino y que, aunque a veces piense que no aprendí nada, miro para atrás y veo un gran avance, capaz con la presencialidad hubiese sido mayor, pero es algo que nunca voy a saber.

Valentina Blanco Martins – tercer año de Letras (Universidad de Buenos Aires)

La cursada virtual de Letras durante el año 2020 fue, en balance general, exitosa. Del imaginario caótico que todos teníamos en mente, pudimos salir indemnes. Los profesores lograron pautar instancias de encuentro sincrónicas, que si bien al comienzo tuvieron que aceitar algunas cositas, después de un tiempo se pudo mantener una linealidad. Llegó a percibirse la virtualidad como algo cotidiano.

Fue un esfuerzo conjunto. Se dejó en claro que muchos profesores no estaban capacitados en el uso de plataformas como Zoom, Meet o Teams. Y aún así dieron su tiempo para aprender algo nuevo y facilitarnos la comunicación. Como siempre, hubo profesores más o menos empáticos con los contextos y recursos de los estudiantes. De lo que no hay duda, es que pudimos organizarnos y sobrellevar nuestra carrera en este marco extraño y hostil. Tal vez los más satisfechos con este ciclo, somos los que vivimos más lejos de la facultad y nos ahorramos horas de viaje. Yo, por ejemplo, tengo dos horas en colectivo de la facu a casa y usé ese tiempo de no-viaje para rendir cuatro materias.


Daniel Chao – Estudiante avanzado de Filosofía (Universidad de Buenos Aires)

El año 2020 será recordado seguramente por todos y todas las estudiantes de nuestras carreras como el año marcado por la virtualidad como única opción para seguir cursando en medio de la pandemia. Cada quien, tanto docentes como estudiantes, desde las condiciones de conectividad y privacidad que pudiera arrumarse para sostener los encuentros.

Como un cursante ya de las últimas materias y con varias cursadas presenciales encima, puedo decir que al momento de enfrentarme a una cursada sin presencialidad seguramente conté con algunas ventajas en cuanto a hábitos organizativos, orientación sobre dónde conseguir información y red de contactos tejidos para suplir la ausencia del famoso pasillo, proveedor de recomendaciones, indicios y toda esa data que engrosa lo que podemos llamar el know how del ser estudiante pero que es parte del curriculum oculto, necesario para llegar a la acreditación del curriculum oficial de la carrera, y que pocas veces se comparte de manera abierta. ­Otras personas seguramente, al verse mucho más desprovistas de herramientas adquiridas para suplir la presencialidad, terminaron abandonando una materia o varias. Así mismo, es indudable que para muchísimas personas la virtualidad fue el único modo en que hubieran podido seguir en al menos un mínimo contacto con su desarrollo académico y con la casa de estudios.

Considerando todo esto, podría resumir la siguientes ventajas y desventajas que se me ocurre que presentó el cursar de modo virtual:

Entre las ventajas:

-Ahorro de tiempo y dinero en transporte hasta la facultad.

– Mayor aprovechamiento del tiempo de trabajo en clase. A diferencia de lo que ocurre en el aula, donde puede haber interrupciones de todo tipo, y donde se acostumbra un tiempo de espera a la llegada de docente y estudiantes, así como se suele terminar las clases unos minutos antes, el tiempo de encuentro virtual solía estar enfocado a la clase, con no más de 10 minutos de espera a que se conectara la mayoría.

– Posibilidad (sólo en algunas materias) de ver grabadas las clases a las que uno no pudiera asistir.

– Mayor circulación de apuntes, información y trabajo colaborativo en grupos de Whatsapp entre compañeras y compañeros. Esto es quizá la ventaja más significativa que puedo reconocer que se produjo bajo esta modalidad de cursada. La carencia de un espacio físico común donde compartir dudas y colaboraciones entre estudiantes fomentó, en mi experiencia, una participación mucho más intensiva y extensiva en los canales virtuales, que como fuera antes de la virtualidad obligatoria, redundando en más oportunidades de compartir estrategias y recursos para sobrellevar la cursada.

– Parciales 100% domiciliarios. Esto podemos anotarlo aquí como ventaja, dependiendo de que el estudiante valore y cuente con la posibilidad de organizar su propio espacio y tiempo para desarrollar todos los parciales de la cursada en modo domiciliario, sin todas las incomodidades e interrupciones de la rutina laboral que significaría liberarse el día para ir a rendir presencial.

Las desventajas:

– Coincidencia de horarios de teóricos virtuales entre dos materias. Esto es algo que me pasó en el segundo cuatrimestre, siendo las únicas dos materias que podía cursar, y que ambas recién se volverían a ofrecer un año después. Con el agravante de que en una de ellas no grababan la clase.

– Esto lleva a la siguiente desventaja, quizá la fundamental: no todos los docentes de teóricos acceden a dar grabar las clases. Aún más, no todos los docentes acceden a dar clases en tiempo real y en un caso lo único que ofreció la cátedra fue desgrabados subidos al campus, con lo que se perdió una interacción indispensable para la profundización en los sistemas de ideas y problemas de cada autor.

– Material de lectura totalmente digital. Esto que por un lado puede ser apreciado también como una ventaja económica, lo computamos aquí como un aspecto característico del contexto de aislamiento y cursada virtual que pudo ser nocivo para la salud: a las horas de cursada virtual frente a la pantalla, se sumaron muchísimas horas más de lectura de materiales digitales, lo que está totalmente desrecomendado por cualquier médico.

– Así como arriba computamos la modalidad 100% domiciliaria de los parciales como una ventaja, también hay que remarcar que para quienes hemos cursado varias materias a la vez, significó un caudal de estudio y producción frenético y fuera de lo común la coincidencia de fechas de entrega de varios parciales domiciliarios que, por recaer en estas instancias el peso de ser las únicas acreditaciones de la cursada, incrementaron notablemente su nivel de exigencia respecto a parciales de las cursadas previas al aislamiento.

– Modalidad virtual de exámenes finales. A mi parecer este es el aspecto más desfavorable de la cursada virtual. El examen final oral es ya una instancia de sobrecarga de tensión y atención como para además sumar la incertidumbre por las eventuales interferencias tecnológicas que puedan ocurrir mientras uno rinde, sumado al clima persecutorio que algunas compañeras y compañeros han relatado que vivieron al presentarse a rendir online, a causa de los reaseguros que los docentes quieren tener de que un estudiante no pueda sacar provecho de estar a sus anchas del otro lado de la pantalla y no presencial.

En otro sentido, creo que la pérdida del contexto presencial de repaso previo a entrar a rendir un final, donde se hace un cotejo final e intensivo de todo lo estudiado entre pares que van a rendir lo mismo, dicha pérdida es irreemplazable como momento de reaseguro colectivo del conocimiento y nos deja aún más solos y solas ante la instancia de acreditación de nuestro recorrido académico.

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