Los vi juntos. Volaba un AIWA que tenía doble pasacassette. Babasónicos, primero. IKV,
después. 7 Delfines no llegó a tocar dos o tres temas. Me dio lastima por Richard. Me dio
lastima pero no salté a defenderlos. Ese desprecio por la blandura en cierta medida hasta
hoy me seduce. Versus fue un álbum desafortunado. Pero Babasonica (sin tilde, por favor)
fue un álbum para Figueroa Alcorta y Pampa. Recuerdo esos Buenos Aires Vivo de De la
Rúa como un preámbulo de la salida definitiva del “alternativo” divino tesoro. Por eso
respetaba mucho a los Aldana. Besotico no sonaba en Figueroa Alcorta y Pampa. ¿Dónde
quedó el under? Matamos al punk durante. Matamos la alternatividad durante. Matar
durante es no dejar nunca de conformarse. Pero Babasonica, ah, ese pequeño problema:
putos sonando fuerte. Como Despedazado por mil partes: hippies sonando fuerte. ¿Cómo
condenarlos?

Le pedí al pelotudo de mi primo que a la salida del SENASA me llevara porque mi vieja iba
a estar de guardia en el Cruce Varela. Yo quería escuchar ese nuevo Babasónicos que no
era “nuevo” pero sonaba como Kyuss, como Nebula (o mejor), sin maracas (las que
suenan). Como las bandas que después iban a llamar “stoner” para apoyar lo que Héctor
Libertella llamaba “agente de letras”, operadores del mercado, neceser de la batalla cultural
(cuando no la había, porque ese fin de fiesta del menemismo tenía olor a “Color
esperanza”).

Sin perder un miligramo de sensualidad, Babasonica tenía (tiene) una necesidad de ruptura
sonora. Sin maracas, insisto, sin esas maracas necesarias de Dieguito “Uma”: la playa, el
litoral, la pascua de “Sol CLap” o la fiebre tropical de “Perfume Casino”. Babasónicos para
mí era un grupo de pelotudos que anhelaban un yate. Un yate prendido fuego. Ahí me
convencieron. Babasonica es, representa, entonces, una resignificación de esa frase tan
burda y tonta de Dárgelos de ser “tan marxistas como los Jaivas”. Un volver a empezar
desde una órbita mucho más cercana al Sabbath de noviembre del 73, pero sin Perón. Sin
Ezeiza. Es el disco de rock en español más fiel al Sabbath pre Dio. Sin maracas, por favor,
insisto. Me quedaba durmiendo escuchando el eco de “Demonomanía” y esa frase de
mierda: “falso Mesías naciste muerto”, que después me contagiaría ganas de indagar en las
road movies, los libros (plural) de Enoch, el cine de mierda de John Romero. Diez años
antes, Muro publicaba Street Trash: Violencia en Manhattan, pero yo la vi en un cine club de
San Telmo que se llama El Santo y la musicalizaba un “DJ” desde una heladera (dentro de
una heladera) con “Sharon Tate” de fondo. En esa canción, en esa versión de Sharon Tate
se entiende por qué la parte chica del chico: Babasonica es la versión luciférica de una
banda satanista. Como la anécdota de Alice Cooper en el documental del canadiense: los
blackmetaleros-quema-iglesias-paganistas le pedían un autógrafo para sus madres. Una
burla a los idiotas que sembraban el culto a las chica-Bond (Street) y a las gordas que
perseguían jinetes en las carreteras californianas. De hecho, en una noche del Malba
(trasnoche Madcap, algo así) recuerdo ir con el ángel exterminador a ver Pink Flamingos.
Estaba Martin Kohan, el “Satiro” (“voy por tu hija, a toda prisa y las haré mi harem”)-quien
espero recuerde esta hermosa escena con gracia, esa gracia de la Cole, Martín, ¿no?- y
una mujer con un cinto verte pegándole a los chicos con pantalones cortos en los gemelos.
Como la proyección tardaba, pusieron un poquito de “Seis virgenes descalzas”. Le dije al
ángel exterminador que lo que sonaba era…Y, de repente, todos los chicos-Nacional-
Buenos-Aires escuchaban Babasónicos. Claro, pero no había escuchado Paranoid y FuManchu era, al menos en ese momento, para ellos (luego, elles), un mago. En fin. Waters
se hizo esperar demasiado y había que mantener a la audiencia de Figueroa Alcorta (otra,
ya en era Néstor, sin helicóptero, sin Cabezas, sin Carpa Blanca, sin “tigres asiáticos”).
Siempre matando lo que está naciendo. Después vino Miami y yo extrañé la intro de
“Delnitro” o el estribillo estilo-Piero de “Convoy”. Extraño eso de matar lo que suena distinto,
bien y contra la cultura. “Voy a morir mañana” no será cantado por los chicos-Nacional-
Buenos-Aires porque hay que construir la Unión por la Patria. Como dice El Conde: “esta
nueva juventud blanda…”. Esa “nueva” juventud no era delaruista, era altruista. Nihilista.
Tenía más tetas que Moria Casán. Mataba al venado sin reparo. Sin flash. De noche, solos,
sin registro. Panam. Carca. Qué bella época. No lo entenderías, progre.

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